Si ya de por sí resulta tremendamente complicado decidir en qué emprender, comenzar un negocio en tiempos de crisis ya es para nota. La historia está plagada de épocas muy complicadas en lo económico, pero lo que ha ocurrido desde la primera gran caída de la economía que sufrimos en 2008 hasta hoy, cuando aún intentamos recuperarnos del mazazo del coronavirus, ha sido una auténtica barbaridad.

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Despidos, expedientes de regulación temporal de empleo (ERTEs), empresas que se ven obligadas a cerrar sus puertas para siempre… Ahora ya no es solo decidir si comenzar o no un negocio, ya sea online o físico. Ahora toca aprender a emprender, a conocer los riesgos de un emprendedor antes de lanzarse. Esa es la única forma de ver venir los riesgos a los que se enfrenta un emprendedor con margen suficiente para evitarlos o, al menos, para hacerles frente con ciertas garantías de que saldremos bien parados.

Por eso, desde Emprenspain hemos decidido ayudaros un poco. Porque demasiado tenemos ya encima como para andar cerrándonos puertas antes de abrirlas. Las buenas ideas tienen espacio siempre, y siempre deberían tener su oportunidad. Así que si tienes una buena idea, un buen proyecto de cómo crear una empresa a tu medida y muchas ganas de trabajar… toma nota, ¡ha llegado tu momento!

Tiempos de crisis y emprendimiento

Tendemos a pensar que, cuando vivimos una crisis, lo último que se nos vendrá a la cabeza es pensar siquiera en cómo crear una empresa. ¿Arriesgar nuestro capital? Demasiado tenemos con poder salir adelante, ¿verdad? Pero… ¿acaso una crisis no es una lluvia de oportunidades para el que sepa aprovecharlas?

Existen multitud de negocios que han florecido precisamente en mitad de un momento complicado a nivel económico para la sociedad. Por ejemplo, sin ir más lejos, la crisis del coronavirus ha sido la salvadora de muchas PYMES que, de otro modo, se habrían visto abocadas a la desaparición.

Y aún mejor: haber sabido ver las oportunidades que la situación les ofrecía ha hecho que muchos emprendedores hayan decidido poner su capital en juego para crear su empresa, empezar generar ingresos y, más importante aún, generar una confianza entre sus clientes que no se paga con dinero.

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Adaptarse a la circunstancias del momento les ha permitido ocupar un espacio que las grandes superficies no eran capaces de abarcar y hacerse con una cartera impensable tan solo unos meses antes. Un claro ejemplo ha sido el de la pequeña y mediana empresa que se ha lanzado al reparto a domicilio, ¡pero lo mejor será que lo veáis con vuestros propios ojos!

Una granja de huevos, un negocio como otro cualquiera

Jesús y María José, maestros de formación, decidieron dejar a un lado su vocación para lanzarse a un sueño por el que cualquiera de sus amigos se habría echado las manos a la cabeza. Él tenía muy claro que quería dedicar su vida al campo, y ella no dudó en seguirle los pasos.

Estos dos jóvenes emprendedores comenzaron con su granja de huevos camperos en diciembre de 2019, y cuando por fin empezaban a levantar cabeza, allá por el mes de marzo, se encontraron con la peor noticia posible. Todos sus clientes del mundo de la restauración, su principal sustento, tenían que cerrar sus puertas por culpa de la pandemia de COVID-19.

¿Qué podían hacer para mantener su negocio con vida después de lo mucho que habían luchado por él? Pues empezar a moverse en las redes sociales, plantear la posibilidad de empezar a hacer repartos a domicilio y el resto es historia: cerca de 600 pedidos en tan solo una tarde.

La gente estaba confinada en casa y los huevos, al igual que el papel higiénico, la harina o la levadura, eran un bien muy preciado. Ellos tenían muchos, posibilidad de repartirlos y ganas de hacerlo, ¡solo había que ponerse en marcha!

¿Cuándo es el momento de emprender un negocio?

El cuándo emprender un negocio es, probablemente, una pregunta tan delicada de responder como en qué emprender. Como hemos visto en el ejemplo anterior, un momento que parecía tan bueno como otro cualquiera terminó resultando complicado por la llegada del coronavirus de Wuhan, así que… ¿por qué no empezar en un mal momento sabiendo de antemano que la cosa solo puede ir a mejor?

Saber detectar las carencias de la sociedad en los primeros compases de una crisis hace que podamos reaccionar a tiempo para sacar rentabilidad de ello. Por ejemplo, cualquier época de crisis suele acarrear bastante demanda de servicios de seguridad.

Si hablamos de las semanas más duras del coronavirus y de todo lo que ha venido después, está claro que las entregas a domicilio se han convertido en una oportunidad tangible para cualquier emprendedor, pero no la única. El mundo del entretenimiento, servicios para facilitar el teletrabajo y cubrir cualquier servicio de primera necesidad se han convertido en grandes nichos en los que buscar nuestro propio hueco para poder progresar.

Los riesgos del emprendedor

Aunque el emprendedor es, casi por definición, un amante del riesgo, lo cierto es que lo último que queremos cuando iniciamos un negocio es que salga mal. Por desgracia, el éxito de una empresa no se mide únicamente por nuestra ilusión, nuestro compromiso o nuestra perseverancia (¡aunque quizás debería!).

Pérdida de entusiasmo, un fracaso seguro

Si lo que hacemos no nos apasiona, lo mejor es que pensemos rápidamente en cambiar de objetivo. Muchos emprendedores deciden lanzarse a la aventura durante una crisis porque ven una buena oportunidad, pero no conocen para nada el negocio o ni siquiera les gusta.

Emprender con la única idea de hacer dinero rápido no es una buena idea… a no ser que se esté dispuesto a perder mucho dinero. No suele ser el caso, lo que nos lleva al siguiente punto.

Factores económicos, no hay que perderlos de vista

Perder el entusiasmo es una ‘sentencia de muerte’, pero hay que tener muy claro que del entusiasmo no se vive. Para emprender un negocio hay que tener muy claro que debe resultar rentable a medio-largo plazo. Al final, nuestro objetivo es vivir de él, así que si no se puede… hay que saber cuándo parar. Ya se sabe, en el equilibrio está la virtud.

 

Lo bueno de lanzarse y darse cuenta de qué es el emprendimiento es que, pase lo que pase, se aprende. Para mejorar sobre la marcha o para hacerlo en una siguiente ocasión, pero se aprende una barbaridad. Así que no dejéis de aprender y no dejéis de atreveros, ¡que la vida es para los valientes!

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