Cuando ponemos en marcha un negocio, con lo mucho que cuesta, lo último en lo que pensamos es en meternos en otro berenjenal así. Lo único que se nos pasa por la cabeza es que tenemos que conseguir que sea rentable para poder recuperar la inversión y vivir de él, ¡que no es poco! Por eso es posible que dejemos pasar alguna que otra oportunidad bastante interesante, pero… ¿debemos hacerlo? ¿Hasta qué punto es inteligente decidir no invertir en otro negocio que podría sacarnos del atolladero en un futuro próximo compensando posibles pérdidas del nuestro?

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Lo que no debemos hacer nunca es meternos en algo que no podemos afrontar. Nuestras circunstancias económicas mandan y lo último que debemos hacer es poner en peligro nuestro patrimonio. Eso sí, si nuestro negocio atraviesa un buen momento y tenemos algo ahorrado, vamos a contaros por qué deberíais pensaros al menos si invertir o no en una actividad que puede llegar a ser muy distinta a la vuestra.

¿Qué es la rentabilidad de una empresa?

Puede parecer que hablar de qué es la rentabilidad de una empresa es entrar, en cierto modo, en terreno pantanoso, pero nada más lejos de la realidad. La verdad es que definir la rentabilidad de una empresa es bien sencillo:

  • Una empresa es rentable cuando genera más ingresos que gastos.

El problema está en cómo es de rentable. Y es que no nos basta con generar un solo euro más de lo que gastamos, sobre todo si es nuestra única actividad laboral y pretendemos vivir de ella. Puede que consigamos alcanzar una rentabilidad económica óptima, pero nadie nos dice que no vayamos a entrar en pérdidas un tiempo después. De ahí la importancia de aprender a poner a trabajar a nuestro dinero por nosotros mientras lo tengamos. O dicho de otro modo, la importancia de quitarnos de encima los complejos y valorar la posibilidad de invertir en otro negocio.

Cierto, hay riesgos y podemos llegar a perder nuestra inversión. Manolo Escobar, el legendario cantante, invirtió en una fábrica textil que fue mal y estuvo pagándole a Hacienda hasta los últimos años de su vida. Hay riesgos, como en todos los aspectos de la vida, pero también hay muchísimo que ganar.

La diversificación de negocios para evitar pérdidas en tus empresas

La diversificación de negocios no es otra cosa que abrir la anchura de miras para conseguir ingresos de otras empresas aparte de la nuestra. O implementar una línea de producto distinta a la habitual con el fin de amplificar nuestros horizontes económicos (a esto se le llama diversificación concéntrica). Sea como fuere, lo que se busca diversificando es tener más ingresos con dos objetivos muy claros:

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  • Si una de las empresas va mal, el resto la sostendrán con sus ganancias.
  • Si tenemos la suerte de que todas las empresas van bien, viviremos una etapa de bonanza económica.

Si somos nuevos en el mundo de la diversificación, lo mejor es que acudamos a un consultor especializado que nos indique cuáles podrían ser las mejores inversiones. Una cosa sí os decimos: procurad que la inversión no sea en un negocio del mismo sector que el vuestro. ¿Por qué? Pues porque, aunque creáis que es lo mejor porque es lo que controláis, si el sector entra en crisis, os podéis caer con todo el equipo. De hecho, si sois osados, podéis lanzaros incluso a emprender fuera de nuestras fronteras, ¡aquí os contamos por dónde empezar!

Por ejemplo, si tenéis un restaurante y ponéis tres más, y llega una locura como la vivida con el coronavirus, es posible que no lleguéis a reponeros del golpe. Sin embargo, en ese caso en concreto, si hubiésemos invertido en una empresa de entregas a domicilio, nos habríamos convertido en los reyes del mambo.

La rentabilidad económica, el sueño de todo emprendedor

Si decidimos lanzarnos a emprender un negocio, lo lógico es que lo hayamos hecho con la intención de que sea rentable desde el primer momento. El problema es que uno de cada diez negocios que abren con esa misma ideología termina cerrando antes de cumplir su primer año. Y no porque lo hayamos hecho muy mal. Simplemente no era el lugar, no era el producto o no era el momento. Cuando emprendemos, tenemos que tener claro que la rentabilidad podría no llegar, y que por eso nos vendría bien buscar una fuente de ingresos alternativa.

A la hora de lanzarse, no nos queda otra que hacer una valoración de los riesgos de montar una empresa como la nuestra. ¿Cuánto tenemos que facturar para alcanzar una rentabilidad económica suficiente? ¿Es un objetivo realista? Y si no, ¿en qué otro tipo de empresa puedo invertir hasta que esta empiece a darme réditos suficientes para vivir de ella? Desear alcanzar una rentabilidad óptima para nuestro negocio está bien, pero hay que trabajar muy duro hasta que llegue el momento, ¡que no se os olvide en los momentos más duros!

Ejemplos de posibles riesgos de una empresa

Los posibles riesgos que deberá afrontar una empresa tienden a infinito. Algunos son comunes para todas, como la citada situación de la crisis económica que estamos viviendo desde la aparición del dichoso coronavirus. Otros, sin embargo, afectan a un sector en concreto.

  • La crisis en las empresas cárnicas sevillanas a raíz de los lotes de carne mechada y otros productos cárnicos contaminados con listeriosis hace unos meses.
  • La crisis vivida por Volkswagen y todas las marcas con motores de la casa alemana, como Seat, tras descubrirse que trucaban los datos de sus emisiones contaminantes.

Es bueno que una vez a la semana, o una vez al mes, nos sentemos un par de horas a pensar en todo lo malo que podría pasarle a nuestra empresa y cómo deberíamos afrontarlo. Es verdad, no hay nadie adivino, por eso hemos decidido reunir una serie de riesgos que pueden aflorar en cualquier momento. Lo ideal es que tengáis un plan de contingencia para atajarlos con premura y no dejar que os afecten más de lo debido:

  • Aumento súbito de la competencia: por ejemplo, la apertura de empresas similares en la misma calle, o en el mismo pueblo.
  • Cambios en la normativa: por ejemplo, la legislación que prohibió poner veladores en la calle a los locales de hostelería en muchas ciudades.
  • Problemas económicos: si nos falta liquidez, debemos tener un plan B para que nuestra economía no colapse.
  • Crisis de reputación: ya sea por algo cierto o por culpa de un bulo, debemos saber reaccionar con prontitud para limpiar el nombre de nuestra empresa.

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